viernes, 13 de marzo de 2015

LOS CÁTAROS Y LA DOCTRINA SECRETA DE KRISTOS LUCIFER



La verdad de la doctrina Cátara se halla todavía oculta al vulgo, en los infinitos pasadizos de las cavernas del Sabarthes, y sólo un hombre, entre nosotros, ha tenido acceso a ellas. Este hombre es Otto Rahn.
El primer elemento a través del cual quisiéramos comenzar a desvelar la doctrina secreta de los cátaros es la del mítico Grial o Graal. El secreto del Grial no es una historia relativa al cristianismo: valga aclarar, de entrada, que el mundo cristiano ha usurpado para sí mismo la sagrada tradición del Grial; pero que éste, en lo fundamental, pertenece al mundo Pagano.



Los Cátaros o Albigenses fueron un movimiento espiritual que emergió al sur de Francia durante la edad media, estos pusieron en jaque los cimientos de la iglesia católica romana, su nombre proviene del griego katharos que significa "puros o perfectos".

Nacidos como una rama del gnosticismo, veían al mundo como una lucha entre la materia y el espíritu, donde la materia era la creación corrupta de un demiurgo (arquitecto y satanás), y el espíritu parte de un estado interno, eterno, inmanente y puro, espíritu que en los humanos permanece dormido y atrapado en la ilusión que nos producen los sentidos, los deseos, los miedos y apegos.

Los cátaros no tenían posesiones, no cobraban diezmos, no acumulaban riquezas, no imponían sus creencias, no usaban la violencia, de hecho preferían morir antes de matar siquiera a un animal. Lo anterior produjo que en gran parte de Europa ganaran la simpatía de la gente, pues estos hombres de riguroso negro predicaban con el ejemplo, sabiduría, amor, empatía, desarrollando en sí mismos las virtudes del espíritu. Lo anterior se tradujo en que las masas pronto comenzaron a rechazar la opulencia de los sacerdotes cristianos, la gente empezó a no ir a las misas, a abandonar los templos, pues frente a la sencillez y pureza de los cátaros quedaba en evidencia que el "cristianismo" romano era falso (tal como el de todas las iglesias cristianas actuales).


Rechazaban los símbolos y ritos de la iglesia católica, incluida la Cruz Cristiana, ya que para ellos era solo una representación del sometimiento, miedo y dolor materiales.

Por todo lo anterior la iglesia católica encendió las alarmas, pues los cátaros estaban ganando la simpatía del pueblo, y eso, ante los ojos de las huestes del demiurgo-satanás encarnado en el falso cristianismo romano, era un peligro real.

La denominación y condena como "herejes" de parte de la iglesia católica no se hizo esperar, y así fue que en el año 1243 se realizó un asedio de parte de 10.000 hombres al último bastión cátaro, donde 200 de estos se refugiaron y resistieron por 10 meses un bloqueo al castillo llamado Monsegur.


La rendición se volvió inminente y dentro de las condiciones para perdonarles la vida era que debían renunciar a sus creencias "heréticas", pero en un acto de valor increíble, los 200 cátaros salieron por su propia voluntad del castillo y caminando serenamente se metieron dentro de la gigantesca pira ardiente que les tenían preparada.

Sin dudas que aquello fue una "catarsis", de hecho el término proviene de ellos, ya que catarsis significa "purificarse", y fue lo que hicieron al meterse en las llamas, eliminaron de sí mismos la materia impura, dejando solo sus espíritus eternos, gloriosos y vencedores frente a los atónitos y derrotados cristianos adoradores del demiurgo.


“Cuando todavía se mantenían en pie las murallas de Montsegur –nos informa Otto Rahn-, los Puros guardaron en ella el Santo Grial o Graal” . Sabemos, por la información histórica disponible, que el castillo estaba en peligro. Las huestes del Señor de las Tinieblas se encontraban ante sus murallas. “Ansiaban tener el Grail para volverlo a engarsar en la diadema de su príncipe, que cayó a la tierra durante la caída del ángel. En estas circunstancias llegó del cielo con la más apremiante emergencia una paloma blanca y con su pico abrió en dos el Tabor.


Esclarmonde, custodia del Grial, lanzó la valiosa reliquia a la montaña, que volvió a cerrarse al recibirla, y así fue salvado el Grial. 

Cuando los demonios hallaron el castillo, ya fue demasiado tarde para ellos. Montados en cólera quemaron a todos los puros no lejos del tolmo, en el Camp des Cremats: campo de la pira. Todos los puros fueron quemados, sólo Esclarmonde no lo fue. Ya que ella supo guardar el Grial, escaló hasta la cúspide del Tabor, se transfiguró en una paloma blanca y voló hacia las montañas de Asia. Esclarmonde no ha muerto. Todavía vive en el paraíso terrenal. Sólo que precisamente por esto, la tumba de Esclarmonde sería imposible de hallar” Fueron las huestes del Señor de las Tinieblas, las que se apostaron frente al Montsegur para obtener el Grial caído de la corona del portador de la Luz, Lucifer, y guardada por los Puros.
Lucifer, el Kristos Cátaro:
Todas las fuentes ordinarias que nos informan sobre los cátaros parecen coincidir en un hecho: los cátaros habrían rechazado el Antiguo Testamento y a su dios, y habrían promovido una fe en favor del dios del Nuevo Testamento (a su juicio el dios verdadero), personificado en la figura de Jesús. Así, el catarismo sería una forma de cristianismo, cuya única diferencia con el mundo católico estribaría en su rechazo del dios del Antiguo Testamento, el dios judío Yahvé, que en su criterio sería el representante del principio de maldad.
Lo que no dicen, eso sí, ninguna de las fuentes ordinarias, es que el cristianismo cátaro está muy lejos de identificar a la figura del Cristo con la persona del carpintero crucificado llamado Jesús. Antes bien, si analizamos detenidamente todos los antecedentes que nos han llegado sobre los Cátaros, y, fundamentalmente, los elementos constitutivos de su doctrina secreta (inscrita en las inaccesibles cuevas y pasadizos de los montes del Sabarthés), concluiremos necesariamente que el Kristos Cátaro no era, ni con mucho, la figura de un judío crucificado en Palestina en el siglo primero, ni tampoco otra figura humana cualquiera identificada con sujeto histórico alguno. 

El Kristo Cátaro no tiene carne ni huesos; el Kristos Cátaro no es más que el arquetipo de la figura de aquel que porta la luz. En griego, la expresión “portador de Luz” puede decirse de dos modos distintos: el portador de la Luz es un “Fosforos” (sentido literal y etimológico), pero también es un Kristos la luz increada (en el sentido simbólico). El Kristos es el que trae la Luz; el Kristos es el portador de Luz. En Latín la expresión “portador de Luz” supone el verbo “fer” que significa “llevar”, “portar”, y el genitivo del sustantivo latino “Lux” (que significa luz) que se dice “Lucis”. Así, la expresión “portador de Luz” en Latín se dice “Lucis fer”, palabra que traduce la palabra griega “Kristos” y que ha llegado hasta nosotros como el nombre ya formado de Lucifer. Esto nos da una pista ya. Dado que sabemos que el Kristo Cátaro no era, definitivamente, ese judío de Nazareth llamado Jesús, y dado que sabemos, también, que en su doctrina el Cristo está identificado, más bien, con el arquetipo de aquel que porta la luz, estamos en condiciones de afirmar ya que el Kristos Cátaro era Lucifer.

No somos expertos en la Biblia y tampoco queremos llegar a serlo. Pero es inevitable que advirtamos, a simple vista, como ya lo hicieron los cátaros en su momento, que el Antiguo y el Nuevo Testamento hablan de dos dioses diferentes, aunque, por cierto, piensen en uno solo y el mismo. “El Antiguo Testamento –nos informa Otto Rahn- anatematizó a la ‘hermosa estrella matutina’; el Nuevo Testamento, en cambio, revela en el Apocalipsis según San Juan que un determinado ‘rey y Ángel del Abismo’ tiene ‘en griego el nombre de Apolión, más conocido entre nosotros como Apolo, es un “Ángel de los Abismos y Príncipe de este mundo, es el ¡Apolo luminoso!” 

Otto Rahn, descifrando la doctrina secreta de los cátaros, asevera que “...la Estrella Matutina del Antiguo Testamento y el Apolión del Nuevo Testamento son uno solo”. Esta opinión se sostiene, además, “...en el hecho de que en el espacio griego de la Estrella Matutina Fósforos... se la considera la acompañante permanente, anunciadora y representante del solar Apolo, máximo portador de luz, y que al propio Apolo se le tiene como la bella ‘Estrella de la Mañana’, el Sol”
Para nosotros es una evidencia que el Kristos de los Cátaros no tiene nada que ver con ese galileo crucificado en el gólgota.

Los Cátaros habrían interpretado la caída de Lucifer como una especie de “...suplantación ilegítima del hijo primogénito de Dios, Lucifer, por el Nazareno”. Pero, no fueron pocos los cátaros que, ignorando los secretos de los perfectis, “...creían que, en efecto, Lucifer hubiera sido por arrogancia y orgullo apartado del camino por el Dios Padre, al igual que el hijo perdido del Evangelio, y creyeron que el día del juicio caería de rodillas ante el Todopoderoso para pedir perdón”. Pero ciertamente estas creencias, constituían una excepción. “Este mito cosmogónico (no podría ser de otra manera), se basaba en que el mundo sería un lugar apartado de Dios y un lugar de sufrimientos, que solamente podría ser perfecto cuando el Dios-Espíritu eterno haya espiritualizado, divinizado y redimido al mundo, materia perecedera y sin espíritu. En aquellos herejes, que como se ha dicho, constituían la excepción, ya había hecho su efecto la influencia debilitadora de la creencia en la redención cristiana, aun cuando con vestimentas no romanas”
Por su parte, “...ya que los trovadores pertenecían, para la Santa Iglesia Católica de Roma, a los sirvientes del diablo, porque ellos habían escrito sobre sus estandartes la fidelidad al dios Amor; ya que ellos, como incontables ejemplos lo demuestran, cantaron maravillosos aires sobre una corona de Lucifer, podría ser -si aceptamos el lenguaje bíblico- que hayan dado una luciferina ‘corona de la Vida eterna’, y podría ser, si seguimos tejiendo los hilos en este sentido, que el dios Amor haya sido Lucifer en su más elevada persona. Esta suposición pasa a ser evidencia si atamos los nudos de otra manera. El dios Amor es el dios de la primavera. Apolo no lo es menos. Por lo que ambos, Amor y Apolo, son el dios de la primavera. El que vuelve a traer a su sitio la luz del sol, de acuerdo con esto, es portador de luz, un ‘Lucifer’.
“Por la época del florecimiento del catarismo vivió en Sicilia un prestigioso eremita de nombre Joaquín Flora. Pasaba por ser el mejor comentador del Apocalipsis, según San Juan. Como las langostas de las que habla el capítulo noveno del apocalipsis, debió haber considerado a los Cátaros, ‘que con la fuerza de los escorpiones salen de las profundidades sin fondo al abismo’. Ellos serán, arguyó Joaquín, en secreto, el mismísimo Anticristo, su poder aumentará, y su rey ya está elegido. En griego su nombre es ¡Apolión!. Apolo no puede ser otro que Lucifer, al que los herejes provenzales llamaron Lucibel y al que, como ellos creyeron, no se le hizo justicia”

Cicuta filosófica: http://www.geocities.ws/cicuta_filosofica/textos/cataros.html

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