jueves, 5 de enero de 2017

La intangibilidad de la vida terrenal



“El despertar comienza cuando un hombre se percata 
de que no está yendo a ninguna parte, 
y que no sabe a dónde ir.”
 ~ G. I. Gurdjieff.  ~



Esta vida es un sueño dentro de otro sueño, es por eso que los Dioses nos acompañarán siempre y nosotros a ellos, por más que los neguemos, ellos son nuestro reflejo en los Mundos Superiores y aquí, en el mundo terrenal, ellos viven a través nuestro.

Solo puedo aportar lo percibido en el transcurso de mi vida, y si la analizo como una película, los Dioses solo ponen el Escenario, el  Plató Cinematográfico, pero el que nos marca la actuación, el verdadero director de cine es nuestro Espíritu, que se encuentra fuera de este mundo y que nos puede llegar a hacer nuestra vida difícil, si nos salimos de la escena marcada,  desde hacernos tropezar infinidad de veces con la misma piedra, para mostrarnos que por ahí no va la cosa, hasta mandarnos una enfermedad terminal, cuando se cansa de ver como seguimos los impulsos del Alma (atada a la materia) y no sus designios, claro que esto solo se percibe cuando tienes un dialogo con tu Si-mismo (SELF), y descubres que para tu Espíritu esta vida es solo un sueño entre infinidad y que la muerte es solo un nuevo inicio en su existencia, innacida e inmortal.



Todo hombre, tarde o temprano, deberá optar por uno de los dos únicos caminos, opuestos e irreconciliables, que existen para él: la realización de su Alma o la realización de su Espíritu. No hay una tercera posibilidad.
El camino de la mano derecha, hacia el Demiurgo (Jehová- Yahvé), a través del perfeccionamiento del Alma y su mundo material, o por el contrario el Camino de la Mano Izquierda, hacia el Incognoscible, a través de la liberación del Espíritu.

 “Aquellos que no aprenden nada de los hechos desagradables de sus vidas,
fuerzan a las fuerzas cósmicas a que los reproduzcan,
tantas veces como sea necesario, para aprender el drama de lo sucedido.”

"Lo que niegas te somete, lo que aceptas te transforma"
   ~ C.G. Jung. ~


jueves, 15 de septiembre de 2016

FRIEDRICH NIETZSCHE



Friedrich Nietzsche (1844-1900) filósofo alemán, poeta y filólogo, cuyo pensamiento es considerado como uno de los más radicales, ricos y sugerentes del siglo XX. Nació el 15 de octubre de 1844, en Röcken, Prusia. Su padre, un ministro luterano, murió cuando él tenía 5 años, y fue educado por su madre en una casa donde vivían su abuela, dos tías y una hermana. Estudió filología clásica en las universidades de Bonn y Leipzig, y fue nombrado profesor de filología griega en la universidad de Basilea a los 24 años. Su delicada salud (estuvo afectado toda su vida por su poca vista y sus constantes jaquecas) le obligó a retirarse en 1889. Al cabo de diez años sufrió una crisis nerviosa de la que nunca se recuperó. Murió en Weimar el 25 de agosto de 1900. 


Además de la influencia de la cultura helénica, en particular de las filosofías de Sócrates, Platón y Aristóteles, Nietzsche estuvo influenciado por el filósofo alemán Arthur Schopenhauer, por la teoría de la evolución y por su amistad con el compositor alemán Richard Wagner. Escritor prolífico, escribió varias obras importantes, entre ellas El origen de la tragedia (1872), Así habló Zaratustra (1883-1885), Más allá del bien y del mal (1886), La genealogía de la moral (1887), El crepúsculo de los dioses (1888), El Anticristo (1888), Ecce Homo (1889) y La voluntad de poder (póstumo, 1901). Esta última obra formada por cinco libros escritos en 1888, basados en sus voluminosas notas, fruto de un largo y continuado trabajo.


 Uno de los argumentos fundamentales de Nietszche era que los valores tradicionales (representados en esencia por el cristianismo) habían perdido su poder en las vidas de las personas, lo que llamaba nihilismo pasivo. Lo expresó en su tajante proclamación "Dios ha muerto". Estaba convencido que los valores tradicionales representaban una "moralidad esclava", una moralidad creada por personas débiles y resentidas que fomentaban comportamientos como la sumisión y el conformismo porque los valores implícitos en tales conductas servían a sus intereses. Nietzsche afirmó el imperativo ético de crear valores nuevos que debían reemplazar los tradicionales, y su discusión sobre esta posibilidad evolucionó hasta configurar su retrato del hombre por venir, el 'superhombre' (übermensch).


De acuerdo con Nietzsche, las masas (a quien denominaba "rebaño", "manada" o "muchedumbre") se adaptan a la tradición, mientras su superhombre utópico es seguro, independiente y muy individualista. El superhombre siente con intensidad, pero sus pasiones están frenadas y reprimidas por la razón. Centrándose en el mundo real, más que en las recompensas del mundo futuro prometidas por las religiones en general, el superhombre afirma la vida, incluso el sufrimiento y el dolor que conlleva la existencia humana. Su superhombre es un creador de valores, un ejemplo activo de "eticidad maestra" que refleja la fuerza e independencia de alguien que está emancipado de las ataduras de lo humano "envilecido" por la docilidad cristiana, excepto de aquéllas que él juzga vitales.

Nietzsche sostenía que todo acto o proyecto humano está motivado por la "voluntad de poder". La voluntad de poder no es tan sólo el poder sobre otros, sino el poder sobre uno mismo, algo que es necesario para la creatividad. Tal capacidad se manifiesta en la autonomía del superhombre, en su creatividad y coraje. 


Aunque Nietzsche negó en multitud de oportunidades que ningún superhombre haya surgido todavía, cita a algunas personas que podrían servir como modelos: Sócrates, Jesucristo, Leonardo da Vinci, Miguel Ángel, Shakespeare, Goethe, Julio César y Napoleón. Al concepto de superhombre se le reprochó a menudo ser el fruto de un intelectual que se desenvuelve en una sociedad de amos y esclavos y ha sido identificado con las filosofías autoritarias. Muchos eruditos niegan esta lectura ideológica y lo atribuyen a una mala interpretación de la obra de Nietzsche. 

El 3 de enero de 1889 Nietzsche sufrió un colapso mental. Ese día fue detenido tras, al parecer, haber provocado algún tipo de desorden público, por las calles de Turín. Lo que pasó exactamente es desconocido. La versión más extendida sobre lo sucedido dice que Nietzsche caminaba por la Piazza Carlo Alberto, cuando un repentino alboroto que causó un cochero al castigar a su caballo llamó su atención. Nietzsche corrió hacia él y lanzó sus brazos rodeando el cuello del caballo para protegerlo, desvaneciéndose acto seguido contra el suelo. En los días siguientes, escribió breves cartas para algunos amigos, incluidos Cósima Wagner y Jacob Burckhardt, en las que mostraba signos de demencia y megalomanía.


Aclamado poeta, Nietzsche ejerció mucha influencia sobre la literatura alemana, así como sobre la literatura europea y la teología. Sus conceptos han sido discutidos y ampliados por personalidades como los filósofos alemanes Karl Jaspers y Martin Heidegger, el filósofo judío alemán Martin Buber, el teólogo germano-estadounidense Paul Tillich, y los escritores franceses Albert Camus y Jean-Paul Sartre. La proclama de Nietzsche "Dios ha muerto" fue utilizada por teólogos radicales posteriores a la II Guerra Mundial (en especial por los estadounidenses Thomas J. J. Altizer y Paul van Buren) en sus intentos por adecuar el cristianismo a las décadas de 1960 y posteriores.  




Extraído en parte de (http://www.epdlp.com)

lunes, 15 de agosto de 2016

GURDJIEFF Y LA CONCIENCIA MORAL



"CONCIENCIA MORAL"

"Si un hombre pudiera sentir todas sus contradicciones sentiría lo que él realmente es... ¡Sentiría que está loco!."
(G.I. Gurdjieff)

En la "psique" del hombre, esto es: en el estado en que se encuentra y sirve a las "leyes generales", existen dispositivos exactamente análogos a los amortiguadores de las máquinas, a los que llamaremos "topes".

Los topes no son creados por la naturaleza sino por el hombre mismo, aunque involuntariamente. En su origen se encuentran las múltiples contradicciones de sus opiniones, de sus sentimientos, de sus simpatías, de lo que dice, de lo que hace.

Si un hombre tuviese que sentir durante su vida entera todas las contradicciones que están en él, no podría vivir ni actuar tan tranquilamente como ahora. Sin cesar se producirían fricciones, sus inquietudes no lo dejarían reposar nunca. No podemos ver cuán contradictorios y hostiles entre sí son los diferentes "yoes" que forman nuestra personalidad.
Si un hombre pudiera sentir todas esas contradicciones sentiría lo que él realmente es. ¡Sentiría que está loco!.


Para nadie es agradable sentirse loco. Además tal pensamiento priva al hombre de su confianza en sí mismo, debilita su energía, frustra su "respeto de sí mismo". De una o de otra manera tiene que desterrar este pensamiento u ocultarlo. O bien tiene que destruir sus contradicciones o dejar de verlas y de sufrirlas.

Pero un hombre no puede destruir sus contradicciones, ¿que quedaría de él?... pero deja de sentirlas cuando los topes aparecen en él. A partir de allí ya no siente los impactos que resultan del choque entre perspectivas, emociones y palabras contradictorias.
Los topes se forman lenta y gradualmente. Muchísimos, se crean artificialmente por la educación. Otros deben su existencia a la influencia hipnótica de toda la vida circundante. El hombre está rodeado de gente que habla, piensa siente, vive por medio de sus topes. Al imitarlo en sus opiniones, acciones y palabras crea involuntariamente en sí mismo "topes" análogos que le hacen la vida más fácil, ya que es muy duro vivir sin topes.

Los topes impiden toda posibilidad de desarrollo interior porque están hechos para amortiguar los choques, empero los choques y sólo ellos, pueden sacar al hombre del estado en que se encuentra, es decir, ¡despertarlo!.
Los topes arrullan el sueño del hombre y le dan la agradable y apacible sensación de que todo irá bien, que no existen las contradicciones y que puede dormir en paz. Los topes son dispositivos que permiten al hombre tener siempre la razón, le impiden sentir su “CONCIENCIA MORAL”.

Conciencia es otro término que necesita explicación. En la vida ordinaria, se toma el concepto "conciencia" de una manera demasiado simple. ¡Cómo si nosotros tuviéramos conciencia!.
De hecho, el concepto de "conciencia moral" dentro del dominio emocional, equivale al concepto de "intuición intelectual", dentro del dominio intelectual. Y así como no tenemos conciencia intelectual no tenemos conciencia moral.
La intuición intelectual es un estado en el cual el hombre conoce de una manera inmediata y total todo lo que sabe en general; un estado en el cual es capaz de ver cuán poco sabe y cuantas contradicciones hay en lo que sabe.
La "conciencia moral" es un estado en el cual el hombre es capaz de sentir de una manera inmediata y total todo lo que siente o puede sentir. Y como cada uno tiene en sí millones de sentimientos contradictorios, que van desde una constatación, profundamente escondida de su nulidad, hasta las formas más estúpidas de la infatuación — de toda clase de terrores hasta la presunción, la suficiencia y la auto idolatría – sentir todo esto simultáneamente no sólo sería doloroso, ¡sería insoportable!.


Si un hombre cuyo mundo interior consiste por entero de contradicciones, sintiese a la vez que ama todo lo que odia y odia todo lo que ama, que miente cuando dice la verdad y que dice la verdad cuando miente; y si pudiese sentir la vergüenza y el horror de tal mezcolanza, conocería entonces el estado que se le llama “consciencia moral”.
Un hombre no puede vivir en tal estado; tiene que destruir las contradicciones o destruir la conciencia. No puede destruir la conciencia, pero si hacerla dormir, lo que significa que puede separar en sí mismo mediante barreras impenetrables un sentimiento de otro, nunca verlos juntos, no sentir nunca su incompatibilidad ni lo absurdo de su coexistencia.

Pero felizmente para el hombre, es decir para su paz y su sueño, éste estado de conciencia es muy raro". Desde su más tierna infancia los topes han comenzado a desarrollarse y a fortalecerse en él, quitándole progresivamente toda posibilidad de ver sus contradicciones interiores; por consiguiente, para él no hay el menor peligro de un súbito despertar…

El despertar sólo es posible para aquellos que lo buscan, que lo quieren, y que están dispuestos a luchar a consigo mismos, a trabajar sobre sí mismos, mucho tiempo y con perseverancia para obtenerlo. Con este fin, es necesario destruir los “topes”, es decir, ir al encuentro de todos los sufrimientos interiores que están ligados a la sensación de las contradicciones.
Además, la destrucción misma de los topes exige un trabajo muy largo, y un hombre tiene que estar de acuerdo con este trabajo, comprendiendo bien que para él el despertar de su conciencia estará acompañado de todas las incomodidades y de todos los sufrimientos imaginables.
Pero la conciencia moral es el único fuego que puede fundir todos los polvos metálicos del crisol del que hemos hablado, y crear la unidad que el hombre no poseía en el estado en que emprendió el estudio de sí mismo.

El concepto de “conciencia moral” nada tiene que ver con el de “moralidad”. La conciencia moral es un fenómeno general y permanente. Es la misma para todos los hombres y no es posible sino en ausencia de topes. Desde el punto de vista de las diferentes categorías de hombres, podemos decir que existe la conciencia del hombre que no tiene contradicciones.
Esta conciencia no es sufrimiento, sino una alegría de carácter totalmente nuevo, y que somos incapaces de comprender.

El despertar aún momentáneo de la conciencia moral en un hombre con millares de “yoes” diferentes implica obligatoriamente el sufrimiento. Por tanto, si estos instantes de conciencia se repiten más a menudo y duran cada vez más a menudo y duran cada vez más, si el hombre no les teme, sino por el contrario coopera con ellos y trata de guardarlos y prolongarlos, un elemento de alegría muy sutil, un gusto anticipado de la verdadera “conciencia lúcida” penetrará gradualmente en él.




Extraído de Gurdjieff-Discípulos de C.M.