domingo, 1 de marzo de 2015

La iniciación Hiperbórea (Espiritual) o la iniciación Demiúrgica Cristiana (del Alma)



Todo hombre, tarde o temprano, establecen los autores gnósticos, deberá optar por uno de los dos únicos caminos, opuestos e irreconciliables, que existen para él: la realización de su Alma o la realización de su Espíritu. No hay una tercera posibilidad. El camino de la mano derecha, hacia el Demiurgo, a través del perfeccionamiento del alma, o por el contrario el Camino de la Mano Izquierda, hacia el Incognoscible, a través de la liberación del Espíritu.



El Alma o el Espíritu son lo que constituye la meta u objetivo particular de una iniciación, y por ello, sólo existen iniciaciones del Alma e iniciaciones del Espíritu. Ambas tienen por finalidad facilitar el acceso del aspirante hacia el destino escogido por él. La Iniciación Hiperbórea, es el tránsito, no espacial ni temporal, sino estratégico hacia el Selbst (Sí-mismo), hacia Hiperbórea terrestre, hacia Thule, hacia Agartha, hacia el Valhalla, hacia Venus, hacia el Origen, hacia Hiperbórea original, fuera del demencial Universo material creado por El Demiurgo, El Uno, hacia la eternidad del Espíritu, cerca del Dios Incognoscible y de Kristos Lucifer, el Gran Jefe de la Raza de los Espíritus Hiperbóreos. 


Para los gnósticos hiperbóreos, el objetivo de las iniciaciones del Alma tiene por objeto la fusión final con el Demiurgo. Si alguien nos habla de la "unión con Dios", de "perderse en Dios", de la "fusión de la conciencia individual con la Conciencia Una", del samadhi (disolución en el Demiurgo), etc., los seguidores de Lucifer sabrán, que se encuentran frente a una religión, secta o movimiento esotérico dirigido finalmente por el Demiurgo, y en su consecuencia las iniciaciones que se puedan otorgar allí, serán iniciaciones del Alma y no del Espíritu. Por el contrario, en las iniciaciones del Espíritu jamás se habla de fusión con ningún Dios. Al final del camino, cuando se produce el enfrentamiento total con el Demiurgo, afirman los Hiperbóreos, el iniciado deberá resistirle y rechazarle, excluirle y excluirse para siempre. En estos casos no se hablará del samadhi sino del kaivalya: que significa separación absoluta. Pero un kaivalya especial, no sólo una separación total con respecto a todo lo creado por el Demiurgo, sino que el verdadero kaivalya comprende inevitablemente la separación total y absoluta del Demiurgo mismo.


Además, un principio fundamental de la iniciación luciférica sería distinguir que en las iniciaciones que conducen al Demiurgo se procura, afirman ellos, en el aspirante un debilitamiento paulatino del Yo y su posterior renuncia a él. Los gnósticos luciféricos creen que todo movimiento religioso que trabaje a favor del Demiurgo le dará una gran importancia a la necesidad de anular al Yo en los aspirantes. Tienen el convencimiento de que para que la fusión con el Demiurgo tenga éxito, es fundamental que el aspirante renuncie totalmente a su Yo. Una vez que el yo se haya desintegrado, la cáscara vacía en que el iniciado se ha convertido será llenada inmediatamente por el Demiurgo. 


Tal hombre, afirman, se ha entregado al Demiurgo como un animal que va a su propio sacrificio, hacia la nada y la nada es llenada por el Demiurgo. Y así se ha cumplido la meta del Demiurgo, ese hombre ha recorrido un largo camino para terminar disolviéndose en Aquel que le creó. A la inversa, en las iniciaciones del Espíritu, afirman los hiperbóreos, se procura siempre una ampliación y engrandecimiento del Yo y una acumulación suplementaria de "poder". Agrandar y aumentar el Yo, alegan, es acercar el Espíritu. Pues si no existe el Yo, el Espíritu no puede manifestarse. Renunciar al Yo es renunciar al Espíritu. Obviamente no se refieren al Yo como Alma, sino al yo como afirmación del poder personal y el ego.
Así como en las iniciaciones del Alma se habla de evolución, de futuro y de progreso, cuando se dice que "El alma debe evolucionar hasta fundirse con Dios", o que "Toda la creación evoluciona hacia Dios", o que "La sociedad humana continuará evolucionando hasta llegar a ser una comunión universal de almas", en las iniciaciones del Espíritu se habla de retorno y de pasado. Para los gnósticos el mundo marcha hacia su degradación y su destrucción, ya que nada bueno nos espera en el futuro. Es imprescindible la restauración de Algo que existió en el pasado. Para reparar la Gran Injusticia cometida por el Demiurgo y sus Jerarquías, es preciso retornar hacia ese pasado para desactivar todo, para liberar lo que haya que liberar y para destruir lo que haya que destruir. Y sobre todo es preciso distinguir, dicen abiertamente, que en eso que denominan las iniciaciones del Alma se hablará de compasión, devoción, amor, generosidad y servicio. Compasión por todos los seres creados por el Demiurgo, amor al Demiurgo y a los demás hombres, haciendo se hincapié en la culpa y en el arrepentimiento..


 "Amor a todo lo que el Aliento de Vida Divina ha traído a la existencia". Servir a los demás, a los "Maestros" de la Logia Blanca y al Demiurgo, dicen, "para que se cumpla el Plan de la Tierra ". 
Por el contrario, en las iniciaciones del Espíritu se habla del aspirante como de un guerrero que ha declarado la guerra total a las fuerzas de la materia. No se habla de paz sino de espada, se habla de lucha por la libertad y de asaltar el cielo. No se habla de amor ni de devoción, ni de culpa ni de arrepentimiento, sino de deber, de honor y de venganza. Hay que tener en cuenta que a medida que el aspirante se va Espiritualizando, aumentan en él la agresividad y la repulsión contra todo lo que es anti-Espiritual e impuro, material y creado. 


Es, ni más ni menos que la hostilidad natural del Espíritu hacia el Demiurgo y hacia su obra. Y ahí distinguen y establecen claramente que si el Espíritu sintiera amor hacia el Demiurgo y su creación, no sería un Espíritu, sería un Alma. El Alma, afirman, es amor puro (al Demiurgo y su obra). El Espíritu es odio puro (al Demiurgo y a su obra).
La consumación de su liberación y emancipación se realiza durante la ceremonia de iniciación, en la que el aspirante se dirige al Demiurgo declarando su independencia con respecto a él y a su creación, comunicándole expresamente que ya no pertenece a su esfera de autoridad y que ha trascendido todo su poder e influencia. El iniciado reconoce al Dios Incognoscible, rechaza la autoridad del Dios creador y sus mandamientos, y declara que ha sido liberado para siempre del poder del Demiurgo. Y por tanto a partir de allí su relación con el Demiurgo será completamente distinta. A través de la iniciación gnóstica, el iniciado luciférico ha cambiado radicalmente su relación con el Dios creador, pues por fin se ha separado del Demiurgo y de toda la creación. Se ha separado de su cuerpo y de su alma. Ha quedado fuera de las leyes que rigen el mundo de la materia y del tiempo, fuera de todo lo que no sea su esencia, su Espíritu. 

¿Por qué estoy aquí, en este mundo?, se pregunta el aspirante gnóstico Y se contesta, siguiendo la filosofía espiritual luciférica: estoy aquí para ser usado como animal de laboratorio, en un experimento descabellado y demencial concebido por un Dios inferior. Este plan requiere del aprisionamiento de mi Espíritu Eterno, a fin de utilizar su potencia antimateria para impulsar la evolución de ese engendro impuro y perecedero denominado cuerpo-alma. Para que un hombre pueda alcanzar alguna vez el objetivo final para el cual ha sido creado, que sería su fusión y su transformación en el Demiurgo, es imprescindible la potencia de un Espíritu. Esta energía antimateria, capaz por sí sola de poner en peligro a toda la creación, es parcialmente desactivada y disminuida a fin de ser utilizada sin peligro.


 Para ello el Espíritu debe ser encerrado y confundido, para que aporte solo una ínfima parte de su potencial a la obra siniestra del demiurgo. Por tanto mi finalidad en esta vida es que debo despertar. Debo tomar conciencia de mi verdadera situación y hallar una salida. A continuación deberé liberarme y escapar de la prisión. A partir de entonces el Espíritu liberado le está arrebatando al Demiurgo creador su obra más importante y echando por tierra con sus planes, dice el creyente gnóstico, que piensa que el Demiurgo creó al hombre para que le admire y adore devocionalmente. Y al final ha de ocurrir justamente lo contrario: el cuerpo y el alma del hombre habrán de ser transformados por el Espíritu en opositores radicales al creador y a su obra.
 La Gnosis Primordial, el Lucifer interno, en el momento de la iniciación luciférica y antes dentro de todo el proceso de liberación del Espíritu, le dice al aspirante  que debe elegir uno de sus yoes, el más fuerte, el más parecido a su Espíritu. No importan los demás yoes, sólo importa ese yo, el yo del Espíritu. Hay muchos yoes en cada hombre, pero solo uno corresponde al Espíritu. El resto son yoes del Alma. Estos últimos impulsan al hombre a "amar a Dios", "amar al prójimo", "poner la otra mejilla", "compartir todo con los demás", "colaborar en la obra de Dios", etc. El Yo del Espíritu, por el contrario, es el máximo opositor al creador y su creación. Por ello es preciso distinguir entre el Yo que corresponde al Espíritu y al Dios Incognoscible, por una parte, y los demás yoes, verdaderas legiones de diablos, por la otra, dice la doctrina gnóstica hiperbórea. El Espíritu en el hombre representa al Dios Incognoscible. El cuerpo y el Alma del hombre representan al Dios creador y por lo tanto es eso lo que debemos distinguir: el bien (el Espíritu) y el mal (el cuerpo-alma demiúrgico) dentro del hombre.
Hasta aquí hemos expuesto con la mayor objetividad posible las líneas preconizadas por los promotores de la Iniciación Hiperbórea, con todos sus matices luciféricos y gnósticos, y lo cierto es que la Iniciación Luciférica fue la única Iniciación correcta posible durante todos los miles de años previos a la encarnación de Cristo hace dos mil años en el mundo físico. Todas las iniciaciones que en nuestro planeta han tenido lugar durante milenios se han producido  gracias a la intervención y las energías de Lucifer, tal y como explica en reiteradas ocasiones Rudolf Steiner. Y en realidad Lucifer planteó un problema a la evolución humana por lo excesivo de su moralidad, puritanismo y espiritualidad, que hubieran desligado prematuramente a la humanidad del mundo material, y fue por esa razón que Jehová tuvo que vincular al ser humano a la tierra a través de los instintos y las pasiones, tal y como explica Steiner al hablar de la exacta naturaleza de la Octava Esfera.


A nuestro entender tanto la Iniciación Luciférica, como lo fue la budista, con su moralidad estrictamente rígida y su patente rechazo por el mundo material, como la Iniciación Ahrimánica (la de los Mahatmas Hindúes de Blavatsky y la de los Brujos mexicanos de Castaneda) son líneas de Iniciación ya antiguas y desviadas, pero ninguna de ellas puede ser designada con rigor como pertenecientes a la Iniciación Invertida o de Magia Negra, que pertenece a un orden de realidad absolutamente diferente. ¿Dónde enclavar a la Hiperbórea que reivindica la violencia destructiva netamente asúrica del NS?. La Iniciación Luciférica persigue un bien para la Humanidad: que retorne a su situación primigenia, en un estado de plenitud y bienaventuranza, en el mundo suprasensible. 


Ahriman*, a su vez, es menos realista todavía que Lucifer, hasta el punto de considerar factible convertir el "infierno" del mundo físico material en un "Paraíso", en el que los hombres puedan vivir felices, y así, pretende conseguir aislar a la tierra de las destructivas y nefastas influencias Asúricas y convertirlo en un "vergel" para el disfrute del ser humano.
(*) En la antigua religión zoroástrica, Ahriman es el representante del Mal, el que se enfrenta a Ahura Mazda, principio del Bien. El filósofo austríaco Rudolf Steiner consideraba a Ahriman, junto a Lucifer, como un poder espiritual que se hallaba por encima del ser humano.
El reino de Ahriman es la materia, siendo él el señor absoluto.
 

Bajo el punto de vista iniciático cristiano, en un prisma básicamente realista,   se comprende que el "paraíso en la tierra" es una utopía irrealizable. Allí donde estén los Asuras no habrá nunca paraíso posible, y los Asuras son inseparables del mundo material, pues tales seres son las únicas entidades capaces de generar materia física, y mientras la humanidad precise del mundo físico para adquirir una consciencia individualizada y autónoma, habrá de seguir pagando su deuda a tales entidades, los Espíritus de la Oscuridad. 


Artículo de Revista Biosofia

2 comentarios:

  1. Debere leerlo algunas veces mas, pero de momento tengo en claro las dos posturas Gnosticas. En este viaje de mi existir siempre anhele encontrar mi verdadero ser, mi verdadero lugar originario. Por lo interpretado en este texto, noto que tengo una alta tendencia luciferina, dado que no tolero este existir ni todo lo que el mundo propone, propuso o propondra. Siempre desde mi mas infante conciencia, me senti atrapado, anulado y condicionado a lo que no siento parte de mi, este ser humano tan simple y fragil en un mundo cruel y opresor, ligado a tantas emociones y confusion. Hay un cierto antagonismo entre lo que leo y lo que siento, puesto que soy de la idea de no generar dolor en el otro, de apiadarme de su sufrir e intentar llevarlos hacia un plano de conciencia mas claro del que padecen. No deseo ser parte de nada que genere conflicto; E leido muchas filosofias con las cuales me represento en ciertos planos, por ejemplo me gusta la paz del Tao y la harmonia del Brahmanismo. Aun todo es algo confuso, en el mundo de la mentira no es sencillo encontrar los verdaderos caminos hacia nuestro origen primordial. La dualidad es clara para mi, asi como la idea Gnostica de ambos Dioses; Lo que no logro de momento es definirme dadas las condiciones que cada lado dicen requerir. Odiar al Demiurgo es a mi criterio ser parte de el, ya que el odio es una fuerza negativa, destructora y vengativa. No me siento parte de eso porque seria un igual. Destruir algo porque no es parte de mi no es ni remotamente sabio. Saludos.

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  2. Almas simples y cándidas donde las haya, el Demiurgo solo devora a los que no logran su redención. Es como un agujero negro que al término de la eternidad desintegra todo lo que no debe ser conservado incluido las almas, yoes y espíritus que no alcanzaron la redención. Todo lo que cae del espíritu-Paraíso se expone a ello por haber pecado.

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